lunes, 2 de junio de 2014

Vislumbrando la receta para fluir con la vida.




No es que sea una gran cocinera pero tengo una facilidad increíble para preparar bizcochos, en especial el bizcocho bueno para el cuerpo. Todo empezó con una adaptación de la receta del bizcocho de yogur y partir de ahí he ido innovando con los ingredientes, preparando bizcochos dobles, con cobertura, sin ella, con diferentes decoraciones, sencillos. Hacer un bizcocho, dos o cuatro para mi es tan sencillo como dar un abrazo a alguien que quiero. Cuando lo hago, pongo desde luego todo mi cariño e ilusión y por supuesto después de tantos bizcochos no tengo tan en cuenta si primero va el azúcar o la harina (que por cierto no tamizo). Últimamente echo todos los ingredientes, remuevo con mi super cuchara de madera de olivo y al horno. A la gente le parece increíble que pueda resultar tan fácil. A mí me parece lo más normal del mundo. Dicen también que tengo éxito con mis bizcochos. Yo no le doy ninguna importancia.
¿Y porque me cuentas esta historia de bizcochos, me preguntarás tal vez?
Porque al igual que yo cocino bizcochos, conozco a una persona que monta blogs, diseña cursos y realiza creaciones artísticas con la misma habilidad y utilizando creo, la misma receta. Y conozco a un escritor y gran persona que escribe libros como dice buenos días y además esos libros te llegan al corazón. Y utiliza también creo, la misma receta. Y a mí sin embargo me cuesta un horror montar una web, diseñar un producto, crear una página de afiliados, y no digamos escribir un libro.
¿Y entonces cual es esa receta que tan bien me funciona con los bizcochos y algo peor en otros aspectos de mi vida?
Pues me ha costado, me está costando entenderla pero creo que la empiezo a vislumbrar y me apetecía mucho compartirla aquí contigo.
¿Qué me ocurre a mí con los bizcochos?
Pues principalmente, que aunque me lo tome en serio (no me apetece nada que estén malos porque mi tiempo en ellos empleo) cuando los hago me divierto, relativizo, no me lo tomo a la tremenda y menos aún me pongo seria. Y luego ocurre que como he hecho tantos me parece la cosa más normal del mundo. Se ha convertido en un verdadero hábito. 

Así que diría despues de pensarlo, que la receta para empezar a fluir con lo que quieres puede pasar por:
-por supuesto acción: si no haces algo, no ocurre nada. El bizcocho no se hace sólo, el curso no se diseña solo, el libro no se escribe solo.
Pero tienes la opción de elegir como hacerlo. Y ahí está la clave.
-haz las cosas divirtiéndote. Si no te diviertes en un nuevo proyecto que estás empezando, es que sin duda alguna no es el proyecto, o tal vez lo sea, pero no es el momento, o no es tal vez la metodología adecuada.
-hazlo desde el corazón, con emoción y sentimientos.
-hazlo sin miedo. Y para vencer al miedo, nada mejor que hacer y repetir, e intentar. Sin que suponga sufrimiento. Una vez franqueada esa primera vez, incluso segunda, o décima, poco a poco las barreras del miedo irán cayendo hasta olvidar el significado de esa palabra.

Esto es lo que me apetecía contarte hoy, por esa senda voy, aunque reconozco que todavía me asaltan por momentos los fantasmas del miedo…
Y creo además que todavía me falta algún ingrediente... ¿Me ayudas a completar la receta?
Feliz comienzo de semana

3 comentarios:

  1. Yo añadiría una pizca de confianza.
    Feliz lunes.

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  2. Yo venía a decir lo mismo, confiar en que todo va a salir bien!

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