viernes, 8 de noviembre de 2013

¿Te acuerdas como aprendiste a conducir?



Recuerdo cuando empecé a aprender a conducir. Me monté en el coche, me senté. Lo primero el cinturón. Estos tres pedales son el embrague, el freno y el acelerador. Las marchas se meten pisando el embrague. A medida que la velocidad aumente, las marchas cambian. ¿Y cómo se sabe? Se siente, el coche te lo pide, lo sabrás tambien por las revoluciones. Cuando frenes, reduces, siempre pisando el embrague. Tienes que mirar delante y detrás, por el retrovisor y los espejos laterales. Dar los intermitentes si quieres cambiar de dirección. Reducir cuando llegues a rotonda y a semáforo y a stop y a ceda el paso y a paso de cebra. Da las luces cuando entres en el túnel. No te acerques demasiado. Cede el paso a los que tienes a tu derecha….
 Me parecía imposible integrar tantos y tantos conceptos. Recuerdo que cuando llegue a casa me puse a ponerlo todo por escrito y la cara de mi madre incrédula. Yo quería aprender a conducir y rápido además. No me quedaba más remedio que asimilar lo antes posible. Y mi madre que decía: sólo con práctica, no necesitas otra cosa. Práctica y hábito, y no tendrás que pensar en nada, saldrá solo, de verdad, hazme caso. Y tenía razón, por supuesto. Como la gran mayoría de las madres…

Pues creo que ahora me pasa algo similar con esto del despertar y la conciencia: no juzgar, no criticar, no reprochar, no quejarse, ver en los defectos de los demás una oportunidad para corregir lo que llevamos dentro, agradecer siempre, bendecir en lugar de envidiar, recurrir al silencio interno en lugar de buscar respuestas en libros, en personas, en el exterior caótico, tener confianza en lugar de obstinarse, cuidar la mente, el cuerpo, el alma, hacer deporte, comer sano, poner límites, incluso a las personas que quieres, reservarte un tiempo para ti, para de ese modo poder estar mejor con los demás….y suma y sigue…y suma y sigue.
La lista es larga, muy larga. Cada persona podrá añadir su granito de arena.
Y al final llega un día, en que sin saber muy bien los motivos, la semilla plantada se convierte en árbol, y crece, y ve la luz todo el trabajo desarrollado anteriormente. Y entonces todo cobra sentido, con unos nuevos hábitos adquiridos, con reflejos adecuados, con la conciencia desarrollada, hasta tal punto que nos parece algo innato, algo que ha convivido por siempre con nosotros.
Recuerdo cuando aprendía a conducir y lo anotaba todo…igual igual que ahora.
Feliz fin de semana

3 comentarios:

  1. Hola Virginia, 100% de acuerdo contigo, me recuerda una idea del libro el líder interior, "deja de luchar, vacía los canales de comunicación", te puedo decir que a mi me ocurrió y me esta ocurriendo, a veces necesitamos posar todo aquello que recibimos, darnos tiempo para asilimar, supongo que te pasa como a mi, te alimentas a base de material de desarrollo personal, pero como le dijo un viejo gato a otro más pequeño, porque persigues tu cola, porque me han dicho que si la atrapo tendré la felicidad, el viejo gato le dijo, yo también lo se, pero cuando dejo de buscarla ella viene detrás de mi. Buen fin de semana

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  2. :) Has elegido un acertado símil al menos también en mi caso.

    Supongo que el despertar es un proceso evolutivo, por eso siempre tenemos la sensación de que aún no hemos despertado del todo o puede que sepamos que lo estamos, cuando no necesitemos poner atención en el hecho en sí, a eso creo que se le llama fluir.

    Un abrazo.

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  3. gracias Brisa, gracias Guillermo...el camino es lento, pero se van recogiendo los frutos. Fluir totalmente de acuerdo Brisa, y reencontrarse con uno mismo confiando, sin estar continuamente buscando...Feliz fin de semana y gracias por compartir

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