lunes, 30 de septiembre de 2013

El mundo, ese gran supermercado.




¿Te has parado alguna vez a pensar que nuestro mundo se parece cada día más y más a un gigantesco supermercado? ¿ A una gran industria que nos incita a comprar, a consumir más y más, sugiriendo y creando necesidades absurdas, provocando e inventando problemas que una solución requieren?
Algunos ejemplos:
*Con la invasión de la ropa low cost en nuestra vida, la moda se ha puesto más que nunca al alcance de todos, lo que tiene por supuesto su lado bueno, pero también una cara más sombría. Al tratarse de un módico precio, se compra a veces de forma compulsiva, sin tener en cuenta que la ropa de una temporada, fácilmente pasa de moda en la siguiente, lo que nos lleva a abrir el armario y no tener nada que ponernos, con la obligación de pasar de nuevo por caja.
*A nivel alimentario, el supermercado es una bomba de conservantes, colorantes, aditivos, pesticidas, …., la lista es larga. Productos (porque no sé hasta qué punto son alimentos) rellenos de azúcar o de sal, ambos escondidos en recónditos lugares inalcanzables para un consumidor desinformado sobre lo que realmente es sano, un consumidor que privilegia en muchas ocasiones la imagen y el peso sobre la salud: compras de alimentos light, de alimentos repletos de sacarosa, de proteínas animales “sanas” entrando en un círculo vicioso que lleva a comer proteínas animales con un buen postre para que a nivel interno nuestro PH se reequilibre, pero nuestro cuerpo se deteriore cada día un poco más.
*Con el tema de los champus, acondicionadores y cremas de la cara, me quedo sin duda alguna con los posts de Acapulco en los que se explica de forma detenida de qué modo el uso del champú además de destrozarnos en la mayoría de las veces el pelo, nos obliga a utilizar acondicionador y viceversa.
*Luego está el tema por supuesto de la obsolescencia programada http://es.wikipedia.org/wiki/Obsolescencia, de la publicidad acosadora, de….la lista es larga, muy larga.

Y es que al consumir de forma automática, como guiados, como marionetas, dormidos, elegimos dar nuestro poder una vez más al exterior, a algo ajeno a nosotros. Consumir distrayéndonos, descentrándonos. Consumir se ha convertido en un verdadero ocio que ocupa momentos de aburrimiento e inacción. Consumir de forma compulsiva y a veces excesiva, consumir sin consciencia guiados por la musiquilla del anuncio que en nosotros mella ha hecho, consumir ignorando las consecuencias que tiene sobre nuestro cuerpo, persona y sistema.

¿Se puede hacer algo?
Por supuesto que sí.
Vivimos de forma tan rápida y automática que no nos paramos a pensar. En el supermercado, la lista es automática, los gestos cronometrados. Pero si nos detenemos un poco, si escuchamos, si abrimos los ojos, descubriremos que detrás de todo esto, se encuentra un mundo artificial que nosotros desde nuestra situación de consumidores controlamos. La ignorancia se cura con información, y nuestra miopía y dejadez pueden dar paso a una mayor conciencia utilizando el poder personal que cada uno alberga, para mantenernos firmes al margen de lo que socialmente se pueda y o  deba hacer. Aunque ello implique pasar por ser una persona rara más de una vez. Yo diría pasar por ser una persona auténtica. Consumir de forma sencilla, eligiendo, preguntándonos una y otra vez los verdaderos motivos que originan la compra. Simplificar no sólo la lista de la compra semanal, sino nuestras necesidades variopintas creadas a menudo artificialmente. Consumir desde lo natural, consumir desde lo razonable. Consumir con conciencia.
Feliz comienzo de semana!!!

1 comentario:

  1. Por supuesto que sí!, y además con la situación de crisis que estamos pasando y la necesidad de realizar recortes en los gastos familiares se podría decir que es obligado pensar seriamente si son necesarios muchos de los gastos habituales. Llevo un año pensando cada día como utilizo mis recursos económicos y me he sorprendido de cuantas cosas podemos prescindir sin echarlas de menos, además de tener ahora una alimentación más equilibrada, con una comida más casera y con ingredientes básicos sin necesidad de recurrir a todo lo que nos publicitan, procesado, con ingredientes tóxicos y caros.
    Por supuesto que si! Un ejercicio muy sano para el organismo y para el bolsillo.

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