lunes, 6 de mayo de 2013

Hablando de hijos


Los hijos revolucionan a la persona que los concibe, que los siente crecer en su interior, que los nutre desde el inicio. Al nacer un hijo, nacen dos personas: un bebe y una madre. El padre también nota cambios, pero me temo, que no tan intensos a los que podemos sentir las privilegiadas que ya hemos pasado por esa experiencia. Mis disculpas por adelantado a todos los padres que se puedan sentir ofendidos y que se hayan sentido también renaciendo, que seguro que los hay!!!)
Los hijos como decía la semana pasada, acaparan tiempo, atención y dedicación. Nos hacen olvidar todo, nos obligan a ver la vida desde otra perspectiva, con una nueva mirada. Nos hacen dudar de nuestras capacidades y a veces me pregunto si soy yo quien tengo que enseñar o si son ellos, quienes continuamente me enseñan.
En lo que a ellos se refiere, dos compromisos:
1.Tratar de hacerles recordar lo importante
 Porque estoy segura que cuando llegaron lo sabían pero que con tanto condicionamiento social, lo están olvidando, a lo igual que lo olvidamos, tú y yo, nosotros. Entre otras cosas: pide, agradece, cree y crea, si puedes, lo bueno para el cuerpo, las palabras mágicas. Dicho de otro modo crear un mundo de ilusión y confianza, un mundo abierto de posibilidades.
2.Vivir con ellos desde el respeto y el amor.
Respeto, tratándoles igual que me gustaría ser tratada, igual que trato a un adulto. Esa voz que se levanta, un grito desesperado, la paciencia que se acaba, una palabra equivocada…antes, antes de todo eso, respira y pide ayuda para tratarles con respeto porque a ti, no te gustaría nada oír lo que tú misma vas a decir. Aunque estés cansada, aunque estén cansados, se merecen, nos merecemos todos respeto.
Y amor, por supuesto. Aquí no voy a entrar en detalles porque soy sumamente empalagosa ya que necesito besos y más besos, y abrazos y de nuevo besos. Sentirme querida pero también y sobre todo sentir que mi amor les llega, que mi cariño que mi presencia que mi persona está con ellos, siempre. Que siempre estará, aunque me haya enfadado y tal vez, a pesar de mis buenas intenciones, levantado más de lo querido la voz.
Por mis grandes maestros, por los tuyos, por todos los niños que tanto nos dan, tanto nos enseñan. 
Nuestros espejos, nuestros maestros. Por todos ellos, y para todos ellos, amor y respeto.
No lo olvides....

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