miércoles, 8 de mayo de 2013

Entre renglones con James Redfield: la undécima revelación




Con las nueve revelaciones, me adentré en la senda peruana. La décima me llevó a los montes Apalaches y la duodécima a varios lugares igual de montañosos esparcidos por la geografía mundial. Pero sin duda alguna la revelación que más ha resonado en mí ha sido la undécima, viviendo y descubriendo Shambhala por tierras asiáticas. A través de las aventuras vividas los personajes aprenden principalmente a:
1 Cultivar su energía, hacer que fluya primero en ellos y luego fuera de ellos
2 Controlar su energía penetrando ésta en el campo de terceros induciéndoles a entablar conexión con la luz de su interior
3 Reconocer la presencia de los ángeles y a esperar las luminosidades.
Me encanta como se aborda el tema de la alimentación energética, vibracional. Y también la temática de los ángeles, de los daikinis. 
El libro está repleto de frases que se iluminan al detener la mirada en ellas. Con estás, una muy pequeña muestra, me quedo:
*El grado de belleza que somos capaces de ver es la medida de la cantidad de energía divina que recibimos en nuestro interior. Una vez empezamos a establecer nuestra conexión y a experimentar la energía divina en nuestro interior, todo comienza a ser más perceptible. Las cosas están ante nosotros y somos capaces de apreciar su forma y color únicos. Cuando tiene lugar esa percepción podemos inspirar aún más energía.
*Existe una expresión del yo superior que puede descubrirse en el rostro de todas las personas. Si nos concentramos en esa  expresión nuestra energía ayuda a elevar a esa persona a la conciencia del yo superior.
*Los campos de energía de todos nosotros se entremezclan unos con otros y prevalece el más fuerte. Nuestra energía sale de nosotros e influye en el humor y actitud de las demás personas.
Cuando nos encontramos en una interrelación con otras personas y descubrimos que estamos dejándonos ganar por su estado anímico, tenemos que retroceder y llenarnos de nuevo de energía para elevar conscientemente nuestro estado anímico.
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