lunes, 25 de marzo de 2013

La carta de perdón




Somos emoción, vibración, frecuencia, sentimiento. Somos ondas más o menos densas. Somos palabras y hechos, ambos cargados de emoción, cargados de energía.
Sentía como poco a poco mis hombros pesaban y decidí pararme para saber lo que ocurría. La mochila que llevaba se había ido llenando sin solicitar permiso alguno. Cuando la abrí, mi primera reacción fue cerrarla. No quería ver lo que en ella había. Había corrido tanto, con tanta prisa, con tantas tareas pendientes que no me había concienciado de lo que llevaba atrás. Mas ahora, siendo el peso tan real, la necesidad de parar, unida a la voluntad de remediar el problema, me llevaban a enfrentarme con la cruda realidad: incertidumbre, exigencia, perfeccionismo, impaciencia, perdida de nervios, enfados, necesidad de reconocimiento social, odiosas comparaciones, poder de la imagen, poder de terceros…o lo que es lo mismo MIEDO.
Queriendo buscar una solución, me lancé a la aventura de poner palabras a lo sentido. Me lancé desnuda a la carta de perdón. Necesitaba reconciliarme con mi persona, pedirme perdón por escrito, ser objetiva y sincera. Observarme y saber y reconocer todos los aspectos que me desagradaban. Reconocerlos, nombrarlos para luego después agradecerles los servicios prestados, abrazarlos para aceptarlos, y transformarlos para dejarlos marchar, dejando lo viejo a un lado, dejando sitio para lo nuevo.
No fue fácil, pero me armé de valor y aunque revuelta pude terminarla. La releí en voz alta dos veces y luego, en la fría mañana invernal, salí al balcón para quemarla. Recuerdo como ardían y se consumían las palabras, como se transformaban en ceniza. Y sobre todo, entre las llamas que veía, recuerdo como sentía el aire frio en mí, llevándoselo todo allá donde fuese necesario. Pero ya no conmigo. El aire transformador y creador de nuevas ideas, el aire transformador me indicaba un nuevo camino a seguir y yo aceptaba la invitación con gusto. Otras cartas de perdón vendrían pero ninguna igualaría la emoción sentida con la primera. Y ya perdonada, ya aceptada, ya con menos miedos, no quedaba más remedio que seguir dando pasos, seguir avanzando, seguir caminando, seguir en el proceso, seguir más llena, más entera, más persona, más consciente, más despierta, más en vida, más conmigo, más contigo…
Nada como empezar la semana reconciliándose con uno mismo.  Si todavía no lo has hecho, tomate algo de tiempo, lo agradecerás.
Feliz lunes, feliz comienzo de semana!

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