miércoles, 9 de enero de 2013

Entre renglones con María Contreras: al final de cada día.




En estas navidades, muchos libros, muchas lecturas que iré comentando a lo largo del mes. Entre ellos, uno que me ha llegado muy dentro, por el que me he dejado llevar, conducir ligera, rauda y veloz, a través de más de 230 páginas que me han sabido a poco. Decir adiós a un trabajo y preparar una boda, ingredientes más que suficientes para la trama de una novela en parte autobiográfica (aunque entiendo que toda novela tiene parte de su autor entre renglones), con la que me he sentido muy identificada. ALTAMENTE RECOMENDABLE, en los tiempos que corren...Líneas que respiran optimismo, palabras que ayudan a crecer, renglones que despiertan por el mero hecho de empezar a confiar, de empezar a observar, de empezar a aceptar.

Os dejo con algunas frases que han resonado en mí:
*No es la sociedad la que te exige perfección. Es cierto que ejerce mucha, muchísima presión,  pero si tu autoestima está a buen recaudo no cederás a esa presión. Eres tú la que te exiges. Nos exigimos demasiado cuando creemos que nos amarán por nuestros logros. Pero lo hermoso es que por el mismo hecho de existir tenemos derecho a ser amados. Y así será, si tu estas convencida de ello. Tenemos derecho a ser imperfectos, a equivocarnos…cuando entendemos esto adquirimos una seguridad que transmitimos a los demás, aprendemos a decir no, aprendemos a pedir, aprendemos a perdonar y a relativizar los problemas, aprendemos a reírnos de nuestros errores, aprendemos, en definitiva a amar la vida y a agradecer todo cuanto nos rodea. Cuando nos queremos estamos en disposición de dar lo mejor de nosotros. Y eso que damos vuelve a nosotros multiplicado reforzando aún mas nuestra autoestima.
*Creo que has dado un paso muy importante al dejar el trabajo. Había demasiado ruido en tu vida y necesitabas detenerte para poder pensar con claridad. Antes de realizar ninguna acción has de hacer una limpieza interior para aprender a amarte y, de paso, para aprender a amar y agradecer todo cuanto has dejado atrás. De lo contrario atraerás más de lo mismo a tu vida.
*Has perdido la fe y te ha invadido el miedo. Y para sentirte segura intentas controlarlo todo y programarlo todo. Pero en la vida sucede como en el trabajo: programar en exceso las tareas de los subordinados denota una falta de confianza, incrementa la desidia de los trabajadores y reduce su eficacia. La confianza en la vida ha de ser plena para que nuestros deseos se cumplan, dejémonos sorprender por ella porque las posibilidades son infinitas. Ten fe, que todo llega, sencillamente, cuando tiene que llegar.
*…uno cambia cuando está preparado para ello, sin buscarlo siquiera. Deja que tu mente y tu alma asimilen lo aprendido y no te culpes por no ser perfecta, nadie lo es y nadie te exige que lo seas. Aun no has soltado el estrés del trabajo. Digamos que estás en proceso de desintoxicación emocional. Todavía estás reencontrándote y cuando estabas iniciando el camino te metiste en un nuevo berenjenal.
*Si una cosa te enseñan los hijos es la capacidad de sorprenderte por todo y de ser feliz con lo mínimo. Son un acojonante best-seller de psicología: entienden, aceptan, perdonan, olvidan, aman, y agradecen como ningún adulto es capaz de hacer.
*Sin embargo las palabras de mi esposo fueron el comienzo de un lento despertar que con sus avances y retrocesos iría echando las raíces del mejor regalo que se pueda recibir jamás: la absoluta certeza, la más absoluta de las certezas, de que la abundancia, la prosperidad, el éxito, el amor y la felicidad llegan cuando, en un estado de infinita y constante gratitud, empezamos a comprender que todo lo que buscamos está ya dentro de nosotros, y así lo sentirmos, lo saboreamos y lo palpamos cada día de nuestra vida. Sólo entonces desaparece el miedo que enturbia el entendimiento. Solo entonces somos capaces de hacer realidad nuestros sueños, de poner nuestros múltiples talentos al servicio de la humanidad, viviendo aquí y ahora, haciendo lo que amamos y amando lo que hacemos, sabedores de que Dios, a través de sus múltiples disfraces, cuida amorosamente de nosotros y nos proporciona, siempre, todo lo que necesitamos. Si, así fue como (…) aprendimos a luchar contra el diablo. Y al final de cada día hacíamos nuestra revisión rutinaria y nos decíamos: Felicidades.

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