jueves, 11 de octubre de 2012

Vivimos ocupados, distraídos, entretenidos, acobardados...deprisa




Vivimos ocupados, distraídos, entretenidos, acobardados.
Ocupados intentando sobrevivir, con un trabajo que nos permite subsistir, entregando a cambio nuestro tiempo, nuestra energía, nuestra persona. Ocupados en pequeñeces, en quejas, en críticas, en reproches. Ocupados en llenar una agenda ya de por si llena. Ocupados para no pensar, para no parar.
Distraídos y entretenidos, distanciados de lo realmente importante. Distraídos con ocio, con compras, con agentes externos que nos alejan irremediablemente de quienes en realidad somos.
Acobardados, dudando de nuestra esencia, de lo que podemos llegar a ser. Dudando de que la vida nos tiene reservado lo mejor. Viviendo con miedo, en el miedo, para y por el miedo.

Y llega un día en que todo se cae: se cae la familia, o el trabajo. Llega la enfermedad o la  verdad disfrazada de problema. Todo se cae y nos encontramos frente a frente, con nosotros mismos, sin máscaras. Perdidos, algo despiertos, confusos, en crisis. Sí, bendita crisis, benditas pérdidas que nos ayudan a ver lo realmente importante, que nos invitan a priorizar…
Y mientras unos despiertan de un largo y dulce letargo, y con su despertar invitan inconsciente y tal vez torpemente a quienes les rodean a despertar, seguimos, vivimos. ocupados, distraídos, entretenidos, acobardados….vivimos deprisa, y en esas prisas, nos olvidamos de vivir.

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