lunes, 17 de septiembre de 2012

¿Y qué vas a hacer ahora? (1)



Septiembre marca el inicio de un nuevo curso, escolar por supuesto, pero para muchos, es el pretexto ideal para, al margen de su jornada laboral, apuntarse a gimnasia, iniciarse con los idiomas, marcarse nuevos propósitos. Ojeando la prensa todo es oferta. Oferta de conferencias, talleres, cursos, seminarios. Por oferta que no quede. Yo siempre he sido activa por naturaleza, siempre he tenido la sensación que el no hacer nada era una perdida de tiempo. De ahí que actividades como meditación y relajación fueran impensables, o incluso siendo más joven el mero hecho de dormir un auténtico mal uso de la vida. No me podía permitir estar sin hacer nada.
No quiero ni pensar lo que mi yo del pasado hubiese hecho en mi situación actual: probablemente rellenar las horas libres matutinas como fuera, con un planning apretado sin tiempo a penas para respirar, pero un planning que al fin y al cabo desde el punto de vista social, justificase mi falta de empleo (que no de actividad)  . Por ello tal vez,  la gente que me conoce se sorprende cuando respondo a su pregunta de lo "que voy a hacer ahora", con un “ por ahora nada” entendiendo por supuesto que no quiero apuntarme a nada, ni adquirir horarios ni compromisos, salvo los que yo misma me pueda marcar con mi propia  persona. He cambiado y sé, intuyo, que lo que tengo que aprender lo llevo dentro y se materializará en el momento oportuno. Ha sido todo un proceso en el que me siento una recién nacida. Reconozco sin embargo que para poder disfrutar de esta situación, se debe contar con un mínimo de recursos financieros que permitan vivir dignamente. De nada, de poco sirve hablar de desarrollo consciente, de despertar, a una persona que no llega a fin de mes, que apenas tiene para comer ni un techo donde dormir. Me gusta mucho en ese sentido la pirámide de las necesidades de maslow, que definió las necesidades básicas de la persona de forma jerárquica, colocando las más básicas o simples en la base de la pirámide y las más relevantes o fundamentales en la cima de la ésta, sabiendo que a medida que las necesidades van siendo satisfechas o logradas surgen otras de un nivel superior o mejor. En la última fase se encuentra la «autorrealización» que no es más que un nivel de plena armonía.
Doy gracias por lo tanto por tener mis necesidades básicas cubiertas (que al final no son tantas como la sociedad nos intenta imponer) y poder así, durante un tiempo todavía indefinido dedicarme a transitar por un nuevo camino en el que dejo prisa y ceguera a un lado, compromiso y horarios cerrados a otro.
Doy gracias por poder transitar por el valle de la incertidumbre con la certeza sin embargo de que el camino me tiene reservado lo que realmente necesito para vivir y crecer como persona.
Doy gracias por tenerte a mi lado y poder compartir esta experiencia contigo.

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